martes, 24 de junio de 2008
La culpa es tuya
En la noche azul y negra, dilaté mis pupilas para adivinar esa sinuosa cordillera, sistema penibético de mi cama que me lleva a tu pelo alborotado. Cabeza que me emboba en su forma y en su fondo, hasta manchar de saliva mi almohada.
Sí, se abrió la puerta y pasó el deseo, que me llevó a ese lado donde coge valor todo lo que te nombra y su ausencia es echarte de menos. Se abrió la puerta y la culpa es tuya, porque no me dejaste más opción que arroparme en todas las sensaciones que me provocas de dentro afuera y de fuera adentro: piel de gallina con pulsaciones de arrojar la sangre a los extremos para comprender que se abría la puerta, se abría y la culpa es tuya.
viernes, 9 de mayo de 2008
La incríble fotuna de estar vivo
que me recuerdan involuntarios
que estoy vivo,
que chirrían cuando les pido
que devuelvan lo que cogen
en el inflo que me desinflo.
Aire en mi boca y en las narices,
en mis ojos y en el pelo
no es aire, es viento
despeinándome la idea fija
de seguir existiendo.
Tengo una tos, un sudor frío
un escalofrío
empujado por la corriente
de un río de recuerdos,
de miedos y sensaciones
que anudan
un mundo sin hada,
sin musa,
ni nada.
Tengo una ceja fruncida,
una cicatriz en la cara
de un golpe de vida.
Un gesto, un reflejo
¿Mío o del espejo?
Un duelo que llora
en la frente y en el pecho
por la memoria
muerta de pena
Tengo...no sé que tengo,
que a la hora de la cena
me dio por pensar
que aquí sigo,
que no sé que tengo
que... es que...estoy vivo.
lunes, 5 de mayo de 2008
Tanta luz (a algún anónimo)
y muero
en cada cerco
de huesos
y cielos
de tu paladar,
así me convierto
en el tipo
más avaricioso,
y me gustaría
unirme más
a tu piel,
ser más
camino de saliva
que se enrosca
por tu cuello
y en tu pecho,
en mi laúd
de ra,
un sol
con tanta luz
que me deslumbras
y me descentrateluras,
se me desyuntan
los extremios
en icopasmos,
con las cerebas,
los cerebelos,
y me dejas
en esa parte
donde se escribe
sin letra,
ni acentos.
Ese aliento,
tan tuyo
tan mitú
tanta luz
de entre tú y yo
el descentrado
afrodisiaco
de una piedra
que incuba
gusanos de deseo.
Tanta desmesura
me llevaría
a ser satélite
sin pijama
de tu ombligo,
resorviroaspiro todos
los accidentes
de tu topografía,
Y me rindo
a experimentar
en los tubos
de ensayo
de nuestras venas,
por si consigo ser
tu laúd
de ra,
un sol
con tanta luz.
lunes, 14 de abril de 2008
¡Qué me cuentas!
- Pero si Vanesa esta de Erasmus en Edimburgo.
- ....Bueno, eso es lo que a mi me han contado.
miércoles, 9 de abril de 2008
¡No te imaginas!
A la mañana siguiente de dejarte aparcado… de despedirnos, me desperté más desorientada de lo habitual y me senté al borde de la cama, donde, como cada día a esas horas, intento pactar con la realidad los límites, y como te digo, cada vez se mezclan más. Me levanté a ducharme y al salir al pasillo vi que del armario sobresalía la decoración de navidad. Enseguida supe que había sido destripado durante la noche y que el espumillón y los intestinos le colgaban víctima de alguna pesadilla que se me había escapado durante la noche. Ya te digo que todo, se va mezclando, y los armarios empotrados siempre son la puerta a los malos sueños, sobre todo si están en un pasillo o en la habitación donde duermes. Recogí el estómago de la navidad esparcido por el suelo y lo devolví a su sitio. Es muy desagradable su visión fuera de fechas.
Salí apurada al trabajo y mecánicamente me arrojé a la parada del autobús, donde desde hace un tiempo, no espero al autobús sino una enorme oruga que se arrastra lentamente como una procesionaria por la carretera, coche tras coche, hasta parar frente a todos los que estamos esperando para ser engullidos todos los días. Esta es una visión que tengo desde hace tiempo, pero que vivo con una resignación rutinaria. El problema no es que fuera a engullirme a mi, sino a una niña con coletas muy dulce que abría los ojos como platos intentando recoger todos los datos que le ofrecía la vida, e ignorante de que iba a ser digerida por un enorme gusano peludo y convertida en seda con la que confeccionaría el tejido de alguna manufactura empresarial. No me apenaba por mi, me apenaba por aquella niña inocente, yo estoy acostumbrada que me devoren todos los días. Cuando subimos empecé con mi jaculatoria recitando los días de la semana al revés y deseando que aquella niña inocente fuera regurgitada del estómago de aquel animal . Sentí una liberación cuando nos expulsó a la altura del Voramar.
Llegué al Hotel ignorando por completo donde estaba la frontera con la realidad, pero haciendo como si lo supiera. Es decir, como casi todo el mundo, tan sólo que yo andaba un tanto más desorientada. Cuando entré en recepción, mis compañeros estaban charlando como todos los días antes de entrar. Al llegar a su altura se callaron y Santi me dijo que el jefe quería verme, que subiera a su despacho. Esperé media hora en su puerta, cuando me hizo pasar, me pidió que me sentara y empezó a decirme que: “todo el mundo comenta que lleva un tiempo muy rara y que hace comentarios bastante extraños, incluido a los clientes.” “Lo siento, no es culpa mía” ”¿A no, y de quién es la culpa?” “Es mi imaginación, por ejemplo: antes de entrar al despacho había imaginado que trabajaba en una gran empresa y que me habían llamado para despedirme” “Bueno, eso no es su imaginación, eso es una posibilidad” “Ve, usted también ha entrado dentro de mi imaginación...Pero ahora estoy pensando que somos novios y que en realidad quieres romper” “Pero que está diciendo, mire, lo mejor es que se vaya a casa y...” “¡Ah, así de fácil después de tantos años!” “Bueno, creo que podremos llegar a un acuerdo...” “Ahora quieres quedar bien, eres un acojonado, sobre todo en la cama picha fofa, pero no me esperaba esto de ti ¡Patoso de mierda, ahí te quedas!” “Pero que dice, vuelva...no, no vuelva, no la he dejado, la he despe....” cerré la puerta y me fui . Desde entonces no sé cuantos días han pasado, confundo un poco todo y realmente no sé si me importa porque quién me dice cuál es la verdad, lo auténtico.
Perdóname, sé que te ha debido doler encontrarme por la calle y que fuera tan absorta que casi no te reconociera, que todo esto no lo puedes comprender, pero cuando imaginas lo que pasa al mismo tiempo que ocurre, tienes una experiencia de lo real que no es capaz de proporcionarte la mejor droga. Sé que el mundo que habita en mi cabeza te parece una locura, que he pasado totalmente de ti y que tengo que actuar con más conocimiento, pero en ocasiones veo que mi conocimiento es tan limitado y mi imaginación... No sé, intentaré concentrarme más. Pero anda, di algo ¡Por qué no arrancas!
lunes, 7 de abril de 2008
El poder, la cultura y los Imperios Romanos.
Enrique Huertas paseaba por Roma. Llovía y estaba calado hasta los huesos, igual que la ciudad. La ciudad que había sido centro del mundo y la cultura. Los restos de los templos y palacios, desafiando al agua y al tiempo, siendo la huella de lo que fue el poder, tal vez el mayor y primer poder mundial que se conoce.
Piedras erosionadas, estatuas amputadas y columnas que sostenían a un imperio. Columnas que se levantaron sobre la sangre de los hombres y los pueblos sometidos durante siglos en nombre del poder y la cultura.
Calado sobre las calles caladas de Roma, intentado imaginar la original grandeza sobre la grandeza en ruinas, Enrique Huertas reflexionaba sobre el poder y la cultura. Pensaba que siempre han ido de la mano y aunque en ocasiones han sido la antítesis y se han intentado destruir; donde ha estado el poder, ha estado la cultura o la cultura ha llevado al poder. Enrique Huertas tenía una idea clara de lo que era el poder, pero qué era la cultura. ¿Los datos, fechas, hechos, monumentos, libros, las ideas, el pensamiento, los números o los números no, que son ciencia? ¿Lo que ha llevado al hombre a la cúspide desde donde ha dicho que somos iguales, pero no lo somos, que somos hermanos, pero no lo somos, que somos libres, pero no lo somos? ¿Lo que ha hecho que el hombre se ponga a la vanguardia de todos los avances y en nombre del avance, del poder y la cultura se hayan sometido pueblos, cometido genocidios y dominado el mundo? ¿O es cultura la belleza, la idea, lo descubierto bajo la piel de todas las cosas, filtrado a través de los ojos de los hombres, los que aprenden y los que enseñan?. Pero Enrique Huertas no cree en la revalorización, ni en el precio o desprecio impuesto por el poder a la cultura. No cree en las condiciones que impone el Imperio Romano, construido sobre el anterior Imperio Romano, igual que cualquier Imperio Romano y que viene del primer Imperio Romano. El primero que ordeno cómo debía ser y plantó un templo para ser.
Enrique Huertas estaba calado, como las ruinas del poder y la cultura.
miércoles, 2 de abril de 2008
Venerando tu cadáver.
se ensañan;
mire donde mire,
cielo o suelo,
no encuentro
otro consuelo
que estar dormido.
Soplo,
resoplo
casi quiero
estar muerto.
Muerto no pienso,
no me vendo
al juego
de mis neuronas
con el stock
de tus gestos
y posturas
de escultura.
¡Quién juega
a la ruleta rusa
deshojando
margaritas pochas!
Nos mataste
entre todas
tus banalidades
de me sirve
y no me sirve.
Y yo, que me visto
con calamidades;
mitades de ideas,
calabazas vacías
¡No pude flotar!
Me hundí
en tu ignorarme
No supe sobrevivir
con miedo.
Me condenaste
a matar tu recuerdo.
Ayer empecé
a trabajar
un cadáver bonito
en el intestino
de mis sesos.
Serás abono
de una nueva estación,
de tornillos y tuercas,
de mecanos
en reconstrucción.
viernes, 28 de marzo de 2008
Paseo en bicicleta
Con el ruido que armó mi padre, despertó a mi hermana y la convenció para que se viniese con nosotros. Tiene 8 años y siempre está llorando. Es un fastidio, porque entonces mi padre sólo le hace caso a ella.
Mi padre dice que vivir en el extraradio es una suerte, porque en dos pedaladas estás en el campo y nosotros vivimos en el extraradio de Móstoles ¡Tenemos mucha suerte!.
Nos montamos en las bicis y mi padre nos puso en fila india. Él se iba el último y yo, como soy el mayor, el primero. Subimos por la calle Carlos V, hasta el colegio que está al final y desde allí cogimos el camino que va hacia Fuenlabrada por el campo. Aunque mi padre dice; que todo ese campo, no es campo, si no solar y creo que es porque hay unas montañas con ladrillos partidos y tuberías enterradas, con unos techos grises rotos, rocas de cemento y entre todo, latas de aceites de los coches.
Cuando pasamos las montañas, el camino se hace cuesta abajo. Es donde mi hermano siempre me adelanta y empieza a ir muy rápido. Tiene el cuerpo pequeñito, pero la cabeza muy grande y como le debe pesar tanto, coge mucha velocidad. Mi padre también me adelantó corriendo detrás de mi hermano y gritándole; “¡Alberto, no corras tantooo! ¡Alberto para que te la vas a daaaar!”.
Por dentro, a mi me da envidia mi hermano y me gustaría ir tan rápido como él, pero tengo miedo y aprieto el freno.
Mi hermana empezó a llorar y a llamar a mi padre, pero estaba lejos persiguiendo a mi hermano, que iba lanzado como un cohete, tan rápido que perdió el control, estrellándose contra una alambrada de una granja de ovejas. Mi hermano lloró, e hizo coro con mi hermana, que también lloraba y mi padre era el director que les reñía. Yo también quería llorar, pero tengo 10 años y mis amigos llaman marica a los que lloran, por lo que me aguanté.
Mi padre le puso un pañuelo atado a mi hermano en la rodilla que se había arañado contra el suelo. Tenía los rombos de la valla marcados en la cara, pero yo sabía que el próximo día que pasásemos por allí, iba a hacer lo mismo y creo que mi padre también lo sabía, aunque le había reñido y seguro que mi hermano estaba deseando pasar. Es posible que no pueda parar debido a su cabezota.
Seguimos dirección Fuenlabrada. Poco después de la granja, tenemos que atravesar un río por un puente de cemento. Yo le llamo “Amazonas”, pero en realidad no sé cómo se llama, sólo que es negro y que huele muy mal. No tiene rocas, si no ruedas de tractor, ni ranas, se las habrán comido las ratas, y no sé si habrá peces, porque el agua no te deja ver, pero allí nadie pesca, ni se bañan, sólo tiran cosas.
Cruzamos el río y desayunamos un poco más adelante, en el único sitio donde hay algunos árboles. Nos bebimos el colacao y nos comimos el pan con mantequilla y mermelada sobre un mantel de cuadros. A mi me saben más ricas que cuando nos la comemos en casa.
Cuando terminamos, mi padre se puso a leer el periódico y yo me fui con mis hermanos a explorar los alrededores del río. Mi padre no nos deja acercarnos, porque dice que si nos cayésemos al agua, moriríamos envenenados, pero buscamos por los alrededores el monstruo culpable de que el agua del río esté negra. Hace tiempo que engaño a mis hermanos con esa historia, pero ellos siguen creyéndosela, aunque alguna vez he visto moverse algo entre los matorrales.
Cuando mi padre terminó el periódico, nos llamó para regresar. Volvimos a cruzar el “Amazonas”, la granja donde siempre se estrella mi hermano y el camino que va hacia arriba cuando regresamos. Siempre hacemos una carrera y la meta son las montañas de ladrillos partidos. Yo pedaleé todo lo rápido que pude, mi hermana lloró, porque la dejamos atrás, mi hermano no me pudo alcanzar y mi padre intentó adelantarme, pero yo fui más rápido y gané, siempre gano. Menos mal que el camino es hacia arriba, si fuera hacia abajo me ganaría mi hermano, a mi me da miedo y aprieto el freno.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Cuestión de cojones
En realidad Tomás no se hizo torero por vocación, sino por cojones. Ser hijo de Cipriano Céspedes Bienvenida, el gran matador, nunca fue fácil, y desde que éste empezó aleccionar a su hijo en el mundo toro, le enseño que allí las cosas funcionaban con un buen par. Tomás aún recuerda cuando teniendo doce años pusieron codornices escabechadas por primera vez en su casa, y al servirle en el plato no pudo retener la curiosidad y los preguntas empezaron a inundar su cabeza. Siempre le solía ocurrir delante de un saltamontes, de una lagartija, de cualquier bicho o cosa que le llamase la atención; le daba por pensar que una cucaracha había estado en la cocina de su casa y en la de Sartre o Camus, la arquitectura de un hormiguero era tan similar como una ciudad, y cómo un cerdo podía ser tan parecido a un hombre menos en un gen, y ese gen en algunas personas ¿Lo tendrían más o menos parecido? En fin, todo eran preguntas para la cabeza inquieta de Tomás Céspedes. Y ante la codorniz recién servida, los interrogantes fluían mientras le daba vueltas y le estiraba de un ala o del muslo, hasta que conseguía sacar de quicio a su padre:
- ¡Te quieres comer la puñetera codorniz!.
- Me da pena el pajarito.
La codorniz se levantó unos centímetros del plato cuando su padre pegó una ostia sobre la mesa.
- ¡Este niño es marica! ¡Pues por mis cojones que te vas a comer tres!
Tomás Céspedes estuvo repitiendo escabeche varias horas, pero lo peor era la evidencia de que era más fácil estar en contra de uno mismo que de su padre. Iba a ser torero por cojones.
Ser algo sin vocación es cuestión de entrenamiento y sacrificio, y cuando la amenaza de una colleja es constante, uno se esfuerza más. La dificultad está en reprimir los verdaderos deseos y Tomás Céspedes intento ocultar a su padre todas las preguntas que se hacía a diario y que le iban convirtiendo sin querer en una imagen bastante alejada de la que su padre deseaba. Cómo podía tener un hijo tan imbécil se preguntaba a diario Cipriano, y Tomás, ante la mirada inquisitiva de su padre, se sentía cada día más imbécil. Tan sólo conseguía huir de su vigilancia cuando acompañaba a las reses a la pradera. Y de prolongar esas fugas, y de tanto observar el ganado y su comportamiento, de tanta curiosidad e información que adquirió, consiguió desarrollar una teoría sobre herbívoros prehistóricos que le sorprendió a si mismo y que llamó: “Micología, la extinción de los dinosaurios”. Su entusiasmo por aquel descubrimiento no pudo evitar mostrársela a su familia una tarde de otoño, con ilustraciones en Power Point incluidas. Años más tarde, un científico ganó el príncipe de Asturias con una teoría muy similar. La diferencia es que aquel científico la expuso en un foro de paleontólogos celebrado en Barcelona y Tomás Céspedes en el cortijo “la serranilla”. Aquella exposición le costó a Tomás la exclamación ¡¡¡Definitivamente es gilipollas!!! por parte de su padre y el silencio del resto de la familia, dando como válida la exclamación del padre.
La familia de Tomás aceptó que era un imbécil integral, permitiendo que siguiese con sus absurdos estudios naturales, mientras no abandonase sus
obligaciones con la tauromaquia. Tras unos cuanto ensayos más de sus observaciones naturales como: “La agorafobia del topo”, “Las hormigas y sus xenofobias” y “El caracol, un excéntrico” pasó su tiempo como novillero casi sin pena ni gloria y llegó día de la alternativa de Tomas Céspedes. El día por el que Cipriano Céspedes tanto había luchado, resultó ser su gran trauma. Tomás, para sorpresa de todos, cortó cuatro orejas saliendo por la puerta grande de la Maestranza y en varias informaciones taurinas apareció como la renovación generacional que hacía tanto tiempo necesitaba el mundo del toro.
Aprovechando la depresión en la que cayó Cipriano Céspedes, Tomás dejó los toros al año siguiente de su alternativa y se puso a estudiar magisterio, su gran anhelo.
martes, 11 de marzo de 2008
El Ojo Vago
El ojo, y especialmente el izquierdo, tiene la manía de mirar y la costumbre de ver lo que mira, lo que ocurre es que alguna vez lo hace de una forma impertinente, sobretodo con el culo de las mujeres, por otro lado, una afición que no hemos sabido o querido corregir.
De joven le dijeron que era un ojo vago, y le pusieron un parche, pero no pudieron evitar que esta enfermedad se extendiera al resto del cuerpo. Es donde empezaron los problemas, porque esta pereza extendida desde el ojo izquierdo al cuerpo, se confundió con estupidez y todos los cuerpos que rodeaban al nuestro, empezaron a marginarnos. El ojo izquierdo, cargado de un gran complejo de culpa, desarrolló un tic nervioso que al resto del cuerpo nos pareció gracioso y hasta con cierto ritmillo, algunas zonas de la cara y del cuello incluso se acoplaron a ese movimiento, y hasta la voz se animó con una tartaja. Pero ésto, que a nosotros nos parecía simpático, en el exterior generaba nerviosismo y rara vez nos daban conversación, cada vez nos encontrábamos más aislados. Es cuando el ojo izquierdo se dedicó a explorar con gran avidez el mundo exterior, mientras que el resto del cuerpo éramos cada vez más ajenos a él. Fue testigo de las enormes peleas de nuestros padres, mientras el ojo derecho no podía ni mirar, es demasiado sensible. Creemos que es por esto, por la mala relación de nuestros padres, por lo que sufrimos este enorme estrabismo.
- ¡Me voy a matar un día de estos. Ya verás! – Le decía nuestra madre a nuestro padre.
- ¿Por qué no te matas el viernes que está aquí tu madre y que se ocupe ella del tonto éste?
- No puedo pedirle eso a mi madre.
A través del ojo izquierdo supimos que íbamos a ser desdichados toda vida, por lo que el resto del cuerpo nos preparamos a hacer frente a la situación. No crecimos demasiado como ahorro energético, tampoco cultivamos demasiado el intelecto, ya que al fin y al cabo no lo íbamos a utilizar, nos habíamos acostumbrado a una vida un tanto sombría. Paseos, ir al cine, leer, visitar museos, todos esos sitios llenos de gente sombría como nosotros.
En fin, todo se desarrollaba con la tristeza a la que estamos acostumbrados. Pero ayer, justo antes de dormirnos, mientras veíamos “El marido de la peluquera”, una película que nos gusta mucho a todos, nos asomamos al ojo izquierdo, y descubrimos para nuestra sorpresa, que no éramos del todo desdichados, incluso, si lo pensábamos un poco creo que éramos hasta felices. No sé, todo es un poco lío y estamos confundidos, no lo esperábamos, tal vez sea por escribir tonterías.
jueves, 6 de marzo de 2008
Delirios de un saltamontes
de días
que se
escurren
entre
los dedos,
hasta
el enredo
furtivo
de la fortuna
y seguir vivo,
y querer,
y poder,
y perderse
en los placeres
del deseo
que resbala
a una nueva
vida,
esa que empieza
sobre
escombros
de otra que hizo
lo que fuimos.
Desde lo que fui
a lo que soy;
seré,
si tú quieres,
el esqueleto
de tu almohada,
una sábana
,dermis
o epidermis
de tu cama,
o si acaso
un cactus
con idiosincrasia
de espantapájaros,
espantapenas
en tu terraza,
terraza
de girasoles
y giralunas,
de saltamontes
amantes
de mantis
y libélulas.
Y no,
no lo digo
porque sí,
lo digo
porque no
Y sí,
no dejes
de mirarme así.
Y sino,
Volveré
A mi siesta mineral
De piedra
Que empolla
Gusanos
Y humedad.
martes, 4 de marzo de 2008
Vivir Intensamente Según Millas
Los sucesos más importantes de la vida son absurdos. El sentido es un adminúsculo digno de un "todo a cien". Las personas que presumiblemente han vivido de forma intensa te cuentan sus correrías a modo de historia. Quiere decirse que han necesitado hacer una reconstrucción que dota de coherencia a lo incoherente. Las mejores conquistas sexuales, por citar un campo que todo el mundo suele considerar excitante, son siempre casuales. Es el recuerdo lo que lo convierte en una novela. Los profesores aseguran que los jóvenes no comprenden los procesos históricos, pero quién los comprende. La historia de la humanidad no tiene ni pies ni cabeza, de modo que lo raro es comprenderlos.
Escribimos y leemos novelas porque nos vuelve locos aquello de lo que carecemos: el sentido. La vida es lo contrario de una novela: le sobran casi todas las páginas y si hay alguna imprescindible no sabemos cuál es. Aceptar la falta de sentido: eso es vivir intensamente.
